lunes, 4 de abril de 2016

Opinión: Malvinas, argentinas

A 34 años de la Guerra de Malvinas, conmemoramos el Día del Veterano y de los Caídos en Malvinas en honor a todos los héroes que pelearon y lucharon en las Islas.
Una nueva oportunidad para reflexionar como argentinos sobre todos aquellos que han dado la vida por recuperar nuestras tierras.
A continuación, los invitamos a leer las producciones de los alumnos de 2º año de la Tecnicatura en Periodismo y Emprendimientos de la comunicación sobre la Gesta.



La cuestión Malvinas: un reclamo latinoamericano
Por Lautaro Peñaflor

Un nuevo 2 de abril nos convoca al pensamiento introspectivo de nuestra historia reciente. El aniversario del desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas, para dar comienzo a la “Guerra de Malvinas”, es una buena oportunidad para detenernos a pensar algunas cuestiones. 
Sobradamente hemos leído, escuchado y reflexionado en los últimos años respecto a la bestial e imperdonable decisión de Leopoldo Galtieri y quienes formaban parte de su gobierno de facto, de iniciar un conflicto bélico en las Islas Malvinas. En principio, porque la guerra es injustificable (algo de lo que, solo quizás, hoy hay más conciencia que entonces), pero además- y realizo en esta idea una concesión- era evidente la asimetría entre Argentina y Gran Bretaña, por la tradición armamentistas, la logística, los recursos y los apoyos de uno y de otro país.
Conocidas ya las trágicas y repudiables consecuencias de aquella guerra que por estos días recordamos, es momento también de hurgar un poco más profundo en la cuestión de las Islas Malvinas, una problemática cargada de implicancias geopolíticas y económicas. En tal sentido, es necesario quitarnos el velo de la inocencia, y entender la relevancia que cargan las Islas Malvinas. Por ello, creo que es importante destacar los siguientes puntos de debate al respecto:
En principio, debemos tener en claro que en la zona en cuestión se están realizando extracciones de petróleo desde hace varios años. Además, es poseedora de una gran riqueza pesquera. Pero, también, hay que advertir que las Islas Malvinas son dueñas de una gran potencialidad futura en lo que atañe a sus recursos. 
Pero además, se trata de un territorio con una localización neurálgica en lo que respecta a geopolítica y estrategia: conecta los océanos Atlántico y Pacífico, y es una óptima “puerta” de acceso al continente americano. Esto lo convierte en un punto atractivo del planisferio para aquellos Estados para los que el globo terráqueo, es cuasi un tablero de ajedrez en el cual mover sus piezas a su conveniencia. La importancia de la zona aumenta, si aquel país que lo domina se encuentra a miles de kilómetros, océano por medio. 
De este modo, no resulta extraño que un país como Gran Bretaña- de una probada tradición militar- tome sus recaudos a la hora de proteger aquellos sitios del mapa que le resultan útiles en la actualidad, o que pueden serlo a futuro.
El esgrimido argumento desde Inglaterra, de la “libre autodeterminación de los pueblos”, incluso llevado a la práctica mediante un referéndum de los isleños, resulta en realidad una máscara tras la cual ocultar los verdaderos intereses de una potencia, en cuya historia sobran pruebas de no resultarle relevante el derecho de los pueblos a que su identidad sea respetada. Avasallando esa prerrogativa, incluso, construyó Inglaterra su enorme poderío.
Los argumentos geográficos, históricos y jurídicos de Argentina sobre su derecho sobre las Islas son reconocidos. Pero que un país latinoamericano y emergente domine una zona de tanta significancia estratégica, es algo que países como el Reino Unido no están dispuestos a aceptar- incluso- al precio de mantener un enclave colonial en pleno Siglo XXI.
Reconocer la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas implicaría un real acto de justicia internacional. Pero además, conllevaría una verdadera jerarquización del Estado argentino en su posición geopolítica internacional. 
Que las negociaciones diplomáticas al respecto se encuentren estancadas, es una situación que los estados sudamericanos no deben ignorar: nuestro continente sabe perfectamente que el saqueo y el colonialismo marcaron nuestra historia para siempre. Y es de esa forma, que la cuestión de las Islas Malvinas y su soberanía, debe representar un desafío para todos los Estados de Sudamérica.
Sólo así puede tener cierta plausibilidad el intento de que el reclamo por las Islas sea escuchado en la Organización de las Naciones Unidas, en cuyo Consejo de Seguridad (organismo de retrógrada conformación en vistas a un mundo multipolar, muy distinto al de tres décadas atrás), Gran Bretaña junto a otros 7 Estados, tienen un cuestionable derecho a veto, que torna ilusoria cualquier intención de que el pedido sea seriamente tratado en dicha institución.
Los intereses de los países de Sudamérica son los mismos, al igual que su historia, su potencialidad, y su identidad misma. Es por ello que la cuestión Malvinas debe ser una cuestión latinoamericana. Un Estado relativamente pequeño (más allá de su extensión) como lo es la Argentina, no puede pujar demasiado. Al menos no tanto como un continente entero puede hacerlo. Sólo basta con reconocer que, en cuestiones como esta, Sudamérica debe ser una, entera e indivisible. La soberanía argentina de estas islas, implicaría en lo simbólico, la soberanía de nuestro continente sobre las mismas, y esto es algo que no debemos pasar por alto.


Aquella isla de los héroes

Por Aldana Génova
¿Qué viene a la mente en una fecha así? Que las heridas de guerra tardan en cerrarse, que 34 años son pocos y muchos a la vez. Poco porque los que participaron de esta inútil guerra todavía siguen sufriendo los daños colaterales de aquello, mucho porque transcurren generaciones tras generaciones tratando de no olvidarlos a ellos: los que allí fueron e incluso dejaron su vida.
El tiempo democrático que aún tenemos y supimos conseguir, nos demostró la cara de todo esto: el verdadero trasfondo de todo este conflicto bélico. Una guerra que podríamos haber evitado, que por decisiones erróneas y descabelladas les hicieron pagar a muchos jovencitos que no tuvieron reparo ni con ellos, ni menos que menos con sus familiares y ni que hablar del pueblo argentino. 
Gracias a los documentos de aquel momento, se pudieron extraer archivos que son reales y como toda verdad duele: que el alto mando de gobierno estaba a la orden de alguien que basaba sus decisiones bajo efectos del alcohol; que por ello se desarrolló este conflicto sin pensar un segundo aunque sea, que éramos contra Inglaterra como un Goliat con una gomera sin piedras o con el artefacto mismo todo desgastado o roto. Relatos de aquellos testigos y partícipes en Malvinas demostraban que fueron a ciegas, con un plan de ataque sin sentido en algunos casos y con una simple arma raída, trabada, rota o deteriorada. Pasaron frio, hambre, sed, temor, dolor y en algunos casos muerte. 
Los medios de comunicación fueron mostrando la guerra, pero segmentando todo, mostrando lo que al gobierno quería que el pueblo vea, no lo que realmente debía conocerse. Como si una noticia que se enviaba de esa latitud pasara por un agujero negro y llegará al país de alguna forma distorsionada: con irónicos titulares “vamos ganado” o “seguimos ganando” se demostraba como aquellos que nos debían informar, de alguna manera nos desinformaban. El pueblo argentino les enviaba cartas de apoyo, saludos y recuerdos a los que allá luchaban para años después cuando toda esta desfachatez salió a la luz, nos enteráramos que algunos de esas cartas JAMÁS llegarían. Los medios de comunicación deberían sentir vergüenza, aunque sea por aquellos que sufrieron al enterarse de la verdad, que se dieron cuenta que les ocultaban información cuando les tocó despedir a la distancia a un ser querido muerto en combate.

Son pocos años y muchos a la vez. Pocos para olvidar, mucho para dar tiempo y reflexionar de lo que debemos SER como medios de comunicación: comunicadores fiables y confiables, por todos aquellos que pagaron esos crueles silencios disfrazados, que hoy los veneramos por haber ido y dejado todo allá en esa fría y lejana isla.



Perdón por tan poco
Por Adrián Guber

Dos fechas importantes y muy cercanas, 24 de marzo Día por la Memoria, la Verdad y la Justicia y 2 de abril conmemorando la Gesta de Malvinas, 2 momentos históricos atravesados por la infamia de la toma del poder de forma ilegítima, Videla y Galtieri.
Consecuencias imborrables en nuestra sociedad que obligan al análisis y a la memoria.
A 34 años de este penoso hecho, la ONU nos ha dado la potestad del lecho marítimo a través de un fallo de un comité especializado en derechos del mar.
Las Islas usurpadas están dentro de este lecho submarino, pero para Gran Bretaña poco significa, de todas maneras no hay explicación para que continúen ocupándolas.
La comunidad mundial tendrá más sobre la mesa el caso, por lo cual se puede generar más presión en nuevas negociaciones con los “piratas”.
Los centros de veteranos de Malvinas en esta época intentan dejar un recordatorio más para que la sociedad no se acuerde solo el 2 de abril de esta calamidad, para que reconozcamos a estas personas que fueron víctimas en el proceso bélico como en su regreso al país, maltratados por sus superiores, llamados al silencio de los hechos vividos, un saldo de víctimas por suicidio mayor al de las víctimas en combate, un reconocimiento que tardó demasiado en llegar.
La memoria de los caídos tiene una vela encendida todos los días por parte de sus colegas, falta el acompañamiento de la sociedad, que no deje apagar la llama q mantiene vivos a los más de 650 compatriotas que dejaron sus vidas en las frías Gran Malvina y Soledad.


¿Dónde está la humanidad?
Por Agostina Pitton

Habiéndose cumplido un nuevo aniversario en recordatorio a la Guerra de las Malvinas, es necesario plantear con qué consistencia se conmemora la fecha: si es meramente una tierra arrebatada, o un trasfondo histórico que pesa hasta hoy en día por el impacto en las vidas de cada persona que vivió ese tiempo.
Llega el 2 de abril y en general nos agarra el patriotismo de exigir que se recuperen las Islas injustamente arrebatadas por el colonialismo inglés. Pero así como cada año se repite la misma historia, ¿qué importancia le damos en nuestra cotidianeidad? Pareciera que, a excepción de los días de homenaje, en nuestra vida diaria nos olvidáramos que convivimos con personas que, si bien como vecino común, pudo haber vivido un proceso mucho más fuerte, como el de enfrentar una guerra donde se luchaba entre inocentes. 
Lo cierto es que si bien ya todos sabemos que la Guerra de Malvinas fue un conflicto bélico llevado a cabo como una maniobra del gobierno militar que comandaba en nuestro país, en la búsqueda de afirmar definitivamente su poder por sobre el pueblo, los soldados que fueron destinados a dicha misión, y los ciudadanos que se involucraron en los hechos convencidos por el régimen de tratarse de una causa noble, conviven hoy en día con nosotros, llevando tras de sí una cruz pesada de un trauma irreversible.
Los jóvenes destinados a la lucha, salieron de sus casas dispuestos a defender una patria que, bajo convencimiento de un gobierno corrupto e inhumano, iba a ser fácilmente recuperable. Pero las circunstancias fueron distintas, y tanto el pueblo, con noticias ilusorias, como los propios combatientes, fueron defraudados, siendo marcados con una huella imborrable. Lo que pretendía ser una victoria asegurada culminó con el saldo de 649 jóvenes muertos en combate, miles de heridos, y quién sabe cuántos procesos traumáticos, algunos resistidos en el tiempo, otros tan fuertes que condujeron al suicidio. 
Pero otros tantos, que quedaron deambulando hasta la actualidad, que pudieron desarrollar una vida pretendiendo alejarse del oscuro pasado, pese a esta condición, no ignoran su historia y deben ser abrazados. 
La sociedad se solidariza cada 2 de abril, pero qué hay de los otros 364 días? ¿Es que acaso hacemos memoria vana? Más allá de la tierra quitada, que es un reclamo lícito, la humanidad debería ser el eje central cuando pensamos en Malvinas. ¿Qué pasó con todos aquellos sobrevivientes? ¿Qué pasó con los familiares de los jóvenes caídos? No sería casualidad descubrir entonces que se tiene un tío, un abuelo, un vecino, un conocido que fue parte de ese triste proceso histórico, que vive el día día con una cicatriz enorme que nunca cierra.
La guerra es mucho más que los intereses de un país en búsqueda de recursos y estrategias. La guerra es una herida que sangra para siempre, por ser la miseria más honda que un país pueda llegar. Como argentinos, deberíamos empezar a replantearnos que, si bien lo que nos pertenece con justificación debe ser recuperado, antes que todo está el factor humano. Y que quienes ayer dieron su vida por una causa material, deben ser respetados y abrazados día a día. Las vías de diálogo con la potencia contraria irán encontrando sus caminos y maneras en el tiempo. Mientras tanto, no olvidemos que no hay que revivir historias pasadas, pero sí apreciar a quienes de verdad quisieron que la historia fuera distinta, pagando injustamente con sus vidas en todas dimensiones.



Por siempre, nuestros héroes de Malvinas
Por Abigail Biragnet

Al señor presidente de Argentina, de facto y, por cierto, un dictador, no se le ocurrió mejor idea que salvar su ‘gobierno' recuperando las islas Malvinas. “Si quieren venir, que vengan. Les presentaremos batalla”. Esas fueron sus palabras desde el balcón presidencial, dándole al pueblo una ilusión inesperada. 
Sí, por dos meses las islas volvieron a ser argentinas. Pero la alegría no duró mucho más. La primera ministra de Inglaterra, quien se encontraba en la misma situación de nuestra máxima jerarquía, un gobierno yéndose de sus manos, contrató a fuerzas armadas prosfesionles para atacar ‘sus' islas. Y así fue como comenzó el infierno para nuestros representantes en guerra que, nunca olvidaremos, eran pibes de 18 años, sin experiencia, sin saber si quiera agarrar un arma, las cuales no siempre funcionaban. Siempre pienso que es como sí hoy, a mis amigos y compañeros de la universidad los llevaran a la guerra, me duele de sólo imaginarlo. 
Noches de frío, hambre y maltratos de sus propios superiores son los recuerdos de quienes pueden contar su historia, por esos 649 que dejaron su vida allí. Cada 2 de abril se las recuerda, a esas almas que defendiendo la patria por obligación, se convirtieron en verdaderos héroes, eternos. 
En cada cuerpo argentino, con el vivo recuerdo de esas fechas ínterminables y tan sufridas por el pueblo, se encuentra una ilusión, que las Islas vuelvan a ser nuestras, las Malvinas. Sin que corra sangre, el deseo de que vuelva a flamear la celeste y blanca en esas tierras, jamas se va a apagar.

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